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Diarreas

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EL ABORDAJE TERAPÉUTICO DE LA DIARREA PASA POR LA REHIDRATACIÓN ORAL, EL USO DE PROBIÓTICOS, UNA DIETA ADECUADA Y, EN CASO NECESARIO, FÁRMACOS ANTIDIARREICOS. LA DIARREA ES UN SÍNTOMA Y, POR ELLO, EL TRATAMIENTO SINTOMÁTICO ES EL MÁS IMPORTANTE.

Después de comer, el aparato digestivo absorbe los nutrientes y líquidos de los alimentos que se han ingerido, y elimina el residuo de los alimentos en forma de heces, a través del recto, y finalmente del ano. Este proceso, llamado evacuación intestinal, se produce en un perfecto equilibrio entre la absorción de agua y electrolitos y su secreción, pero cuando se produce una alteración en dicho proceso, bien porque se absorben menos líquidos, o porque se eliminan más, el volumen de agua aumenta provocando unas heces más blandas, más frecuentes y de mayor peso. A ese síndrome se le denomina diarrea.

Aunque habitualmente suele ser leve, de corta duración (uno o dos días), y se soluciona simplemente con medidas de rehidratación y dieta progresiva (en el caso de diarrea aguda), en ocasiones puede prolongarse más allá de cuatro semanas (cuando se trata de diarrea crónica), y ser indicativa de un problema grave. En los países en vías de desarrollo es la principal causa de mortalidad infantil. En los países desarrollados, en cambio, es la conocida como diarrea del viajero la que más complicaciones suele ocasionar.

 

Problema sanitario

 

diarrea en niñosLa diarrea está considerada como un problema sanitario de alta mortalidad y morbilidad, especialmente en la infancia. Anualmente, mueren en el mundo unos 4 millones de niños menores de 5 años debido a esta enfermedad. En los países desarrollados, el 10% de los ingresos a los hospitales pediátricos se produce por esta causa. Los menores de 5 años presentan entre 1 y 2 episodios de diarrea al año, mientras que en los países en vías de desarrollo el número es de entre 10 y 20 episodios. Esto es debido principalmente al manejo inadecuado de los residuos y suministros de agua, a la ausencia de sistemas de refrigeración, hacinamiento, falta de higiene personal y difícil acceso a la asistencia sanitaria.

Tanto en niños como en adultos, la diarrea se produce por infección. En un 70% de los casos el agente causal es un virus, en un 20% es bacteriano y en un 10% se trata de parásitos. Lo cierto, es que dependiendo de la cantidad y la especie de microorganismos ingeridos la diarrea será acuosa o inflamatoria. Entre los grupos más propensos a padecer la diarrea se encuentran los viajeros con destino a países en desarrollo, los consumidores de mariscos, varones homosexuales, pacientes con VIH, ancianos, personas que reciben quimioterapia y niños que asisten a guarderías.

La medida diagnóstica más eficaz es la realización de una historia clínica completa que incluya antecedentes personales, el contexto y la forma en que se produce la diarrea, y la exploración física, que en algunos casos puede requerir de exámenes complementarios. Hay que tener muy en cuenta la identificación de su etiología e instaurar un tratamiento farmacológico (si se considera oportuno) para frenar la frecuencia de las deposiciones.

La base del tratamiento, independientemente de la etiología, es evitar la deshidratación mediante la restauración electrolítica. El reconocimiento de este hecho podría salvar la vida de muchos niños en los países en vías de desarrollo. De hecho, muchos pacientes no requieren otro tratamiento.

Diarrea del viajero

 

Uno de los trastornos más frecuentes entre los turistas es la llamada diarrea del viajero. Esta enfermedad afecta a las personas que viajan a zonas con escasas condiciones de higiene. En verano esta patología aparece con más frecuencia, ya que el calor favorece la presencia de agentes infecciosos. Los colectivos más propensos a esta enfermedad son los niños, los ancianos, las mujeres embarazadas y los pacientes con enfermedades crónicas o debilitados.

La diarrea del viajero comienza generalmente a los dos o tres días de llegar al país del destino. En la mayoría de los casos, se resuelve de forma espontánea tras cuatro días aproximadamente. La causa de esta diarrea es la infección por bacterias, virus o parásitos, y su diagnóstico es difícil porque el germen varía de un país a otro y sólo se identifica en algunas personas. El microorganismo infeccioso se transmite a través de los alimentos y las bebidas contaminadas, como el agua no tratada. Los alimentos de riesgo son los manipulados de forma poco higiénica, los almacenados incorrectamente y los que se conservan a temperatura ambiente o de forma inadecuada.

El tratamiento de la diarrea del viajero depende de la gravedad del paciente. Se debe comenzar en cuanto se detecten los primeros síntomas. En el caso de diarreas leves suele bastar con cambiar de dieta e ingerir abundantes líquidos con azucares y sales. En las farmacias existen unos preparados, conocidos como soluciones de rehidratación oral, que ayudan a reponer el líquido y las sustancias que se pierden durante el proceso diarreico. Se deben tomar pequeñas cantidades, pero de forma frecuente hasta alcanzar los dos a cuatro litros diarios. Además, también se suele recomendar seguir una dieta blanda, como cereales, arroz y yogur entre otros alimentos. Y, por supuesto, se recomienda evitar el alcohol, el café, los lácteos y los alimentos muy condimentados.

 

EN UN 70% DE LOS CASOS EL AGENTE CAUSAL ES UN VIRUS, EN UN 20% ES BACTERIANO Y EN UN 10% SE TRATA DE PARÁSITOS

 

Las diarreas moderadas se caracterizan por deposiciones líquidas abundantes, acompañadas de vómitos y dolor abdominal, pero sin fi ebre ni sangre en las heces. Aparte de seguir una dieta y tomar líquidos, puede ser necesario un medicamento antidiarreico. El más utilizado es la loperamida, pero no se debe utilizar durante más de dos días seguidos, en caso de fiebre, sangre en las heces o en niños menores de dos años. Cuando las deposiciones son muy abundantes, se debe acudir a un centro sanitario, donde se recomendará la toma de un antibiótico, la dosis y la duración del tratamiento. El uso rutinario de antibióticos no está recomendado, y se administrarán únicamente cuando lo indique un médico.

Para prevenir esta diarrea del viajero es fundamental tomar una serie de medidas dietéticas e higiénicas. Como regla de oro siempre se deben hervir, cocinar bien y pelar los alimentos que se vayan a ingerir. Se utilizará sólo agua que haya sido hervida, desinfectada químicamente o embotellada, tanto para beber, lavar alimentos o para higiene personal. La toma de antibióticos como prevención puede ocasionar efectos adversos, con un tratamiento innecesario y costoso para muchos viajeros. La mejor prevención es seguir una buena higiene y una dieta adecuada.

 

 

Probióticos

 

Los probióticos son microorganismos que, generalmente, forman parte de la microbiota intestinal, y se consideran seguros y avirulentos. De hecho, muchas especies gozan de los estatus GRAS (Generally Recognized as Safe) de la Food and Drug Administration

 

LA DIARREA ESTÁ CONSIDERADA COMO UN PROBLEMA SANITARIO DE ALTA MORTALIDAD Y MORBILIDAD

 

Microbiota en la infancia

 

Una revisión publicada recientemente en la revista Nutrición Hospitalaria ha puesto de manifiesto la importancia que tiene el correcto desarrollo de la microbiota intestinal durante los 1.000 primeros días de vida para minimizar la aparición de enfermedades en etapas posteriores, por lo que es fundamental cuidar la alimentación en esa primera etapa de la vida. Este periodo tiene una importancia fundamental en la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles en un futuro.

Aunque son varios los factores involucrados en un buen crecimiento infantil y en disminuir el riesgo de enfermedades en etapas posteriores, en los últimos años está cobrando gran importancia el papel que puede jugar el desarrollo de una microbiota intestinal lo más saludable posible, y su posible modulación con el empleo de probióticos y prebióticos capaces de estimular el sistema inmune.

Cada individuo posee una comunidad microbiana peculiar que depende de su genotipo y de la exposición temprana a los microorganismos de su entorno. Esto implica que la colonización desde el nacimiento será diferente dependiendo de factores como el tipo de parto, del modelo de lactancia, la edad gestacional, el entorno rural o urbano en que crecemos, el nacer en un país en vías de desarrollo o desarrollado, el uso de antibióticos, especialmente los utilizados para combatir infecciones durante el parto y en la primera infancia, etc.

Un inadecuado desarrollo de nuestra microbiota intestinal durante los primeros meses de vida por el aumento del número de cesáreas, el abandono prematuro de la lactancia materna o, ya en la edad adulta, por el abuso de antibióticos, una dieta inadecuada o el proceso del envejecimiento, nos puede llevar a un estado de disbiosis con una alteración de la microbiota tanto cualitativa (predominio de especies distintas a las habituales) como cuantitativa (menor concentración de bacterias beneficiosas). La consecuencia será la disminución de sus efectos saludables y la aparición de enfermedades.

Está generalmente aceptado que un recién nacido a término por vía vaginal y alimentado con leche materna desarrolla una microbiota más competente y protectora frente a la aparición de algunas enfermedades. Así, los lactantes alimentados con leche humana tienen una menor incidencia de infecciones, de alergias y de problemas digestivos, un mejor desarrollo neurológico y una menor posibilidad de presentar enfermedad inflamatoria intestinal o diabetes en un futuro.

 

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Ojo seco – ¿Qué es? ¿Cómo tratarlo?

ojo seco
El ojo seco o síndrome de ojo seco (SOS) es un proceso que afecta a mucha gente todavía por diagnosticar.

Se calcula que más del 60% de la población mayor de 45 años sufre este trastorno, alrededor de unos 5 millones de personas en España. Se trata de una patología ocular que afecta principalmente a mujeres, incrementándose con la edad, hasta un 80% en mayores de 60 años.

lágrimasEl ojo seco es una irregularidad ocular en la que el ojo produce una cantidad de lágrima insuficiente, muy relacionada con los cambios hormonales en el caso de las mujeres, así como por su mala calidad o rápida evaporación. Esta falta o inexistencia de lágrima en el ojo va a suponer un problema ya que la lágrima es la encargada de nutrir, humidificar y lubricar la superficie del ojo.

Existen múltiples factores que ocasionan la disfunción, provocando que la película lagrimal se rompa y quede expuesta al aire, algunos de los cuales pueden ser alteraciones de la piel, trastornos alérgicos, cambios hormonales, adicción al tabaco, enfermedades reumáticas, determinados tratamientos farmacológicos, o una cirugía ocular previa. Entre sus síntomas, destaca la sensación de quemazón, picazón y arenilla en los ojos, el enrojecimiento y el malestar al realizar tareas cotidianas como la lectura, conducir o fijar la mirada en una pantalla de televisión, así como la intolerancia a las lentes de contacto.

La contaminación ambiental creciente también se relaciona directamente con este tipo de patologías. La falta de humedad y el aumento de la contaminación por el humo de los coches y los compuestos químicos de las fábricas contribuyen a un crecimiento de inflamaciones oculares y a la aparición del ojo seco.

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Higiene del Oído

oído

Es frecuente que en verano suframos taponamientos y otitis, ya que el ambiente cálido y húmedo favorecen su aparición. Por esta razón debemos prestar especial atención a la higiene del oído.

Lo primero que debemos tener en cuenta es el lugar donde tomamos nuestros baños veraniegos y hacerlo siempre en aguas acondicionadas, evitando en todo momento las aguas estancadas, contaminadas y/o sucias.

Si nos bañamos en el mar, debemos saber que tanto la arena, como las algas y los cuerpos extraños que pueda haber, facilitan la formación de cerumen y la creación de tapones que favorecerán el crecimiento bacteriano en nuestros oídos.

Sin embargo, si los baños son en la piscina, corremos el resiego de una inflamación del conducto auditivo si en el agua hay una concentración excesiva de cloro o un pH inadecuado.

Para prevenir tanto la otitis como los tapones, os dejamos cinco recomendaciones básicas.

 

  • Eliminar el agua de los oídos inmediatamente después del baño sacudiendo la cabeza de forma inclinada hacia ambos lados.
  • Utilizar tapones de baño puede impedir la aparición de tapones y otitis. Deberemos utilizar tapones que se adapten a nuestro conducto auditivo. Es posible hacer tapones a medida
  • No utilizar tapones de plástico.
  • No utilizar bastoncillos de algodón ya que nuestro propio oído tiene un movimiento natural que expulsa el cerumen.
  • Si es necesario, utilizar soluciones pulverizadas estériles de agua de mar. Éstas nos ayudarán a arrastrar el cerumen y los cuerpos extraños en el conducto auditivo externo.

 

Si no hemos conseguido evitar una otitis, deberemos prestar atención a los síntomas que tenemos.

En el caso de la otitis externa los síntomas son leves: notaremos dolor o picor, perderemos temporalmente la audición y habitualmente a partir del segundo día que tomemos analgésicos y antiinflamatorios notaremos una mejoría.

Cuando los síntomas sean más graves, como fiebre, supuración, sangrado, dolor persistente o una pérdida de audición brusca o continuada, estaremos hablando de una otitis media y será necesario que nos vea un médico.

Como en todas las dolencias, habrá personas que corran más riesgo de sufrir estas enfermedades y por ello deberán tener especial cuidado. En este caso, serán aquellas personas que tengan el conducto auditivo estrecho, las que tengan problemas frecuentes de otitis (más de un episodio al año) y aquellas que tengan alguna otra patología del oído.