Se eleva a 19 el número de profesionales farmacéuticos fallecidos por coronavirus

El Consejo General refleja que hay 277 profesionales en cuarentena o ingresados y 156 farmacias tienen algún afectado en sus plantillas. 9 establecimientos todavía se encuentran cerrados a día de hoy.

Un nuevo fallecimiento de un farmacéutico eleva a diecinueve los profesionales que han perdido la vida en las farmacias españolas en esta crisis sanitaria. Diecisiete farmacéuticos y dos técnicos en farmacia que han perdido la vida en el ejercicio de su responsabilidad sanitaria, atendiendo a la población en primera línea asistencial, doce procedentes de Madrid, dos de Ciudad Real y el resto de La Rioja, Granada, A Coruña, Valencia y Alicante.

Además, los datos del Consejo General reflejan que hay 277 profesionales en cuarentena o ingresados, cifra que llegó a un máximo de 493; así como 156 farmacias con algún afectado en sus plantillas, de las 271 que llegaron a representar. En cuanto al número de farmacias cerradas, todavía 9 de estos establecimientos sanitarios continua temporalmente clausurados, lejos del máximo de 65. La reducción de estas cifras ha sido posible gracias a los protocolos y medidas adoptadas tanto por la Organización Farmacéutica Colegial, como por cada farmacia a título particular.

Los datos hechos públicos hoy suponen que la práctica totalidad de la red de 22.071 farmacias permanece abierta, cumpliendo su función de establecimiento sanitario más cercano y accesible, y perfectamente activa para afrontar la fase de desescalada desde la Atención Primaria.

A pesar de la mejora de los datos y ante la desescalada, el Consejo General insiste firmemente en la necesidad de que realice las pruebas del Covid-19 a los profesionales de las farmacias. Adicionalmente el Consejo General sigue reiterando su petición al Instituto de Salud Carlos III para que se incluyan los profesionales de las farmacias en el «Informe sobre la situación de Covid-19 en personal sanitario en España».

Reforzar nuestro sistema inmunitario, algo de suma importancia en los tiempos actuales.

La inmunidad es la capacidad del organismo de defenderse contra las agresiones exteriores que amenazan su buen funcionamiento, como, por ejemplo, una infección por un microbio. Nuestro entorno está poblado de microbios (virus, bacterias, etc.) y de cuerpos extraños (polen, alergenos, etc.), a los que el organismo está constantemente expuesto. El cuerpo humano es un medio propicio para el desarrollo de los microbios, por lo tanto, es natural que intenten infiltrarse. Cuando esto ocurre, el cuerpo pone en marcha mecanismos de defensa a través del sistema inmunitario.

La respuesta inmunitaria: nuestro mecanismo de defensa

Para enfrentarse a los agentes patógenos (microbios), el sistema inmunitario pone en marcha 2 tipos de respuestas: la inmunidad innata y la inmunidad adaptativa. Estas dos respuestas intervienen cuando uno o varios antígenos se han identificado como «extraños» al cuerpo.

La inmunidad innata

El cuerpo dispone de barreras físicas para enfrentarse a las invasiones. Están situadas en la piel, la mucosa digestiva (una superficie protectora de unos 300 m2), los pulmones y el aparato urogenital. Si son insuficientes, se desencadena una respuesta inmediata. Es la primera reacción del sistema inmunitario frente a las agresiones. Este detecta a los microorganismos invasores y los elimina.

La inmunidad adaptativa

Si la inmunidad innata no basta para bloquear la invasión de microorganismos, se desencadena una segunda respuesta inmunitaria alrededor de 96 horas después del contacto con el cuerpo extraño. Es una reacción específica para cada microorganismo. El sistema inmunitario reconoce los antígenos presentes y dirige su ataque directamente contra ellos, de manera sistémica. Esto significa que no se limita a la zona de contacto, sino que se despliega en el organismo. Posee una memoria de las agresiones. Por ello, ante cada nueva exposición a un agente patógeno ya encontrado, el cuerpo reaccionará más intensamente y más deprisa.

Los signos de debilitamiento de las defensas inmunitarias

Algunos signos pueden revelar un debilitamiento de las defensas inmunitarias, como:

  •  Una fatiga persistente, que puede ser consecuencia de un estrés crónico o de una mala noche de sueño.
  • Una mala cicatrización e incluso un aumento del riesgo de infecciones (en efecto, el sistema inmunitario interviene en el proceso de curación y cicatrización; cuando se debilita, la cicatrización es más larga).
  • Infecciones de repetición (catarros, cistitis…), que revelan que el organismo no consigue enfrentarse a los agentes patógenos que penetran en el cuerpo.

Debilitamiento de la inmunidad: los factores

Numerosos factores pueden deprimir el sistema inmunitario:

La edad

En el lactante, la respuesta inmunitaria es más débil, porque el sistema inmunitario todavía no está maduro. Sin embargo, al nacer, posee anticuerpos que le ha transmitido su madre para paliar esta deficiencia. La lactancia materna durante los primeros meses de vida del bebé prolonga esta protección, puesto que el bebé se sigue beneficiando de los anticuerpos de su madre.

Durante el envejecimiento, se constata que las respuestas inmunitarias innata y adaptativa son menos eficaces. Por lo tanto, las personas de edad avanzada están sujetas a infecciones frecuentes y prolongadas.

La higiene de vida

Una mala higiene de vida tiene repercusiones nefastas para la inmunidad. Por ejemplo:

  • El tabaquismo contribuye a disminuir la respuesta inmunitaria.
  • La falta de sueño hace al organismo más vulnerable a las infecciones.
  • El estrés crónico actúa desfavorablemente sobre la inmunidad: tiene un efecto inmunosupresor e induce una alteración de la respuesta inmunitaria.
  • La actividad física Mientras que el ejercicio moderado tiene un efecto beneficioso.

Reforzar las defensas de manera natural: vitamina C y zinc

El papel de la alimentación y, especialmente, el de las vitaminas y los minerales en el funcionamiento óptimo del sistema inmunitario está ampliamente documentado. Una alimentación variada y equilibrada representa, sin ninguna duda, una auténtica ventaja para disponer de un sistema inmunitario eficaz. La vitamina C y el zinc son especialmente interesantes. Contribuyen a la defensa del organismo al protegerlo del estrés oxidativo generado para eliminar a los agentes extraños. Por lo tanto, conviene favorecer los alimentos que los contienen (fruta y verdura de temporada para la vitamina C, y ostras, germen de trigo y cangrejo para el zinc). Por otra parte, varios estudios han demostrado el efecto beneficioso de una complementación con vitamina C y zinc sobre el tratamiento del catarro, sobre todo.

Los demás nutrientes que no deben pasarse por alto

La vitamina D

Interviene también en la respuesta inmunitaria. El déficit de vitamina D es más frecuente en invierno, porque esta vitamina se sintetiza en parte gracias a los rayos del sol sobre la piel. Se encuentra en la leche fermentada, las sardinas, las almendras o las avellanas…

El hierro

Desempeña un papel importante en la respuesta inmunitaria. Se encuentra en la morcilla negra, la carne de buey, las lentejas, las alubias, los garbanzos, mejillones, …

Los antioxidantes

Limitar la oxidación celular contribuye también a unas buenas defensas. Las frutas y las verduras de temporada son buenas proveedoras de antioxidantes.

Los probióticos: un escudo imparable

Los estudios recientes han puesto de relieve la influencia de una microbiota intestinal demasiado poco diversificada sobre las disfunciones del sistema inmunitario causantes de ciertas enfermedades autoinmunes7. Los probióticos presentan el interés de ser «bacterias amigas» que ayudan a la microbiota intestinal a restablecer sus propiedades y su equilibrio. Impiden la proliferación de los gérmenes indeseables. Administrados oralmente en cantidad adecuada, modulan positivamente los mecanismos de defensa asegurados por las mucosas y el sistema inmunitario.

Los probióticos están presentes en la leche fermentada (yogur, quesos, queso blanco…) y están disponibles en forma de complementos alimenticios.

¿Cuándo reforzar la inmunidad?

Si bien es necesario el mantenimiento de una buena inmunidad durante todo el año, el sistema inmunitario está especialmente expuesto en momentos clave del año:

  • El otoño/invierno es un periodo propicio para la proliferación de gérmenes patógenos que dan lugar a catarros, gripe y otras infecciones.
  • La primavera anuncia el regreso de las alergias.
  • Situaciones excepcionales como la infección por Coronavirus actual.

Lavar las manos: un hábito fundamental en estos momentos

Lavar frecuentemente las manos con desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón se ha convertido en una rutina por ser la forma más efectiva de prevenir el contagio por coronavirus.

En estos momentos de desescalada, donde ya empezaremos a salir a la calle con más asiduidad, realizar tareas cotidianas y en definitiva estar más expuestos al contagio, se va a volver más fundamental si cabe tener una buena higiene de manos, lo que incluye tener que lavarlas con más frecuencia.

Sin embargo, este gesto provoca sequedad y elimina el manto lipídico de la piel, pudiendo llegar a causar dermatitis irritativas, sobre todo en personas con piel seca, atópica o irritable. Será más necesario que nunca utilizar cremas con activos hidratantes que suavicen, nutran y protejan las manos, además de reforzar su barrera cutánea y ayudar a mantener su piel sana.

Consúltanos y podemos recomendarte la que más le convenga a tu piel, cuenta con tu farmacia de confianza.

Estrés: su funcionamiento y su impacto sobre la salud

Foto por Lily Banshe

Aunque existe desde la noche de los tiempos, actualmente el estrés se reconoce como uno de los principales problemas de salud y afecta a 9 personas de cada 10 en Francia.

¿Qué es el estrés?

El estrés corresponde a una reacción de adaptación del organismo ante una situación vivida como nueva, imprevista, agresiva o amenazadora.

Desde un punto de vista biológico, el estrés corresponde al conjunto de respuestas del organismo para adaptarse a las presiones del entorno. Estas respuestas siempre dependen de la percepción de la persona. Por ejemplo, algunas personas pueden vivir un examen escolar como una situación estresante y otras, en cambio, no.

El estrés en cifras

Entre las causas principales de estrés, se encuentran: 

  1. La vida profesional (36 %)
  2. Los problemas financieros (35 %)
  3. La vida personal (33 %)

Las principales consecuencias del estrés dan lugar a: 

  1. Problemas de sueño (54 %)
  2. Repercusiones sobre el comportamiento (40 %)
  3. Repercusiones sobre la vida familiar o de pareja (26 %)

Las diferentes fases del estrés

El estrés es una reacción normal del organismo, por lo que no tiene nada de malo siempre que sea puntual (el estrés del actor, por ejemplo). Sin embargo, cuando se vuelve crónico, puede tener consecuencias físicas y psíquicas importantes.

El estrés se divide en 4 fases:

1. La fase de alarma

En esta fase, todos los sentidos están en alerta y el individuo moviliza muy rápidamente sus recursos. Corresponde a la reacción de supervivencia inmediata. Por vía nerviosa, se libera adrenalina, que prepara para la acción física rápida. La vigilancia del individuo aumenta para interpretar la situación de estrés y reaccionar lo más deprisa posible. Esta fase solicita mucha energía al organismo para reaccionar rápidamente.

2. La fase de resistencia

En la fase de resistencia, el organismo se adapta al agente estresante: los mecanismos de adaptación se llevan al máximo para proteger al organismo del agotamiento y se consumen las reservas de energía. El sistema nervioso desencadena la liberación de cortisol, hormona que estimula la fabricación de glucosa, lo cual aporta al organismo la energía para defenderse. Paralelamente, tiene lugar una pérdida de magnesio por la orina.

3. La fase de agotamiento psíquico

El organismo está sobrepasado: a fuerza de estimulaciones, los sistemas neurohormonales se alteran y el retrocontrol de la fase de resistencia ya no actúa, lo cual da lugar a un pico de cortisol (a un nivel patológico), que genera una caída de dopamina y serotonina (hormonas de la motivación y el bienestar). Aparecen los signos dañinos del estrés: fatiga, ansiedad, pérdida del placer, disminución de las defensas inmunitarias, que bajan y aumentan la vulnerabilidad del organismo a las infecciones.

4. La fase de agotamiento psíquico y físico H3

Corresponde al síndrome de agotamiento profesional, que se caracteriza por un estado de fatiga intensa acompañado de una desvinculación de las actividades profesionales y personales de la persona que lo padece. Sobre todo, es un proceso más o menos largo (puede establecerse insidiosamente a lo largo de años) en el que se hunden  las personas en situación de estrés crónico. El sistema de defensa psíquica y física del individuo está completamente agotado y alterado (falta de secreción de cortisol por la mañana). El tratamiento pretende, por supuesto, tratar el trastorno identificado, pero también actuar sobre el contexto socioprofesional, que es el origen del síndrome.

Las funciones clave del cortisol y el magnesio: el círculo vicioso del estrés

Como se ha dicho anteriormente, el cortisol desempeña un papel clave en la evolución del estrés. Cuando este último se instala de forma duradera, la autorregulación del cortisol se vuelve deficiente: el organismo produce cada vez más cortisol, está permanentemente activado. Las contracciones musculares aumentan y dejan escapar el magnesio de las células musculares hacia la sangre y la orina. La falta de magnesio aumenta la vulnerabilidad al estrés: ¡es el círculo vicioso del estrés!

Magnesio: el reflejo sea cual sea la fase de estrés H2

Si hay un micronutriente que debe privilegiarse en caso de estrés, es el magnesio.

Su déficit empeora la reactividad al estrés, en cambio, un aporte óptimo disminuye la secreción de las hormonas y los mensajeros del estrés y, sobre todo, interviene en la relajación muscular.

Los 3 signos sugestivos de la depresión:

  • Me siento deprimido/a
  • Ya no me siento a gusto / Ya no me interesa nada
  • Estoy cansado/a, sin energía