Protección solar, piel perfecta

La exposición continua e intensa a los rayos solares sin la protección debida puede llegar a producirnos quemaduras, además de contribuir al envejecimiento prematuro de la piel, sin olvidar el tan temido cáncer cutáneo. Así, lo recomendable es no exponernos al sol durante largos periodos de tiempo y utilizar la protección más adecuada para cada tipo de piel. Las pieles morenas contienen más melanina que las blancas, por lo que están más protegidas de los rayos UVA, aunque ello no quiere decir que no deban tomar medidas también.

 

Índice de protección adecuado

Las cremas solares son un buen instrumento para reforzar las defensas naturales del organismo contra las radiaciones solares. Al elegir un protector debemos tener en cuenta el FSP (factor de protección solar) que, como mínimo, ha de ser de protección 15, y aplicárnoslo generosamente, al menos, media hora antes de exponernos al sol. Y luego, repetir la aplicación cada dos horas o después de cada baño, prestando atención a las zonas más sensibles: nariz, cara, labios, orejas, escote, rodillas, calva y empeines, que son las primeras que se queman. Los protectores físicos (bloqueador solar) o mixtos (pantalla solar) protegen mejor frente a la radiación UVA que los químicos (filtro solar-bronceador).

En el caso de los niños, hay que extremar las precauciones: protector solar de índice elevado o “pantalla total” (protección máxima para pieles delicadas).

 

Los peligros para la piel de la radiación

Con la llegada del verano, cobra más importancia que nunca proteger la piel de las radiaciones solares. Porque exponerse a ellas sin la adecuada protección, es decir, sin usar fotoprotectores, puede producir daños irreversibles en nuestra salud a largo plazo. Dos de los principales efectos dañinos son el fotoenvejecimiento prematuro de la piel y el aumento de los daños del ADN.

Existe un amplio espectro de radiaciones emitidas por el sol, pero sólo dos tercios de la radiación solar llegan a al a superficie terrestre. De esta, el 50% es luz visible que puede ser detectada por el ojo humano; el 40% es radiación infrarroja (IR), y únicamente un 7% es radiación ultravioleta (UV).

De todas ellas debemos protegernos, ya que, por ejemplo, la radiación UV produce, a corto plazo, desde un aumento de la pigmentación hasta quemaduras, y, a largo plazo

De todas ellas debemos protegernos, ya que, por ejemplo, la radiación UV produce, a corto plazo, desde aumento de la pigmentación hasta quemaduras, y, a largo plazo, serán las responsables de parte del envejecimiento cutáneo prematuro y de las alteraciones del ADN, que pueden desembocar en el temido cáncer de piel.

 

La gran desconocida

La piel tiene también memoria a largo plazo, y se producen daños que son potenciados por otra radiación que no se percibe, la llamada “radiación infrarroja A” (IR-A), que representa un 65% de la radiación IR total. La radiación IR-A es la que penetra hasta la capa más profunda de la piel, llegando hasta la hipodermis. Desconocida por un 40% de los españoles, se suma a los efectos nocivos de la radiación UV, potenciando su actividad oxidante y causando el fotoenvejecimiento, que es el resultado de alcanzar temperaturas de hasta 42º en las capas más profundas de la dermis.

En cuanto a los daños en el ADN, la IR-A aumenta los errores estructurales que genera la radiación UV, por lo que, si no se reparan, provocan lesiones importantes.

Si, hasta ahora, el objetivo de los fotoprotectores era minimizar el efecto de las quemaduras y las lesiones externas de la piel producidas por la radiación UV, cada vez resulta más imprescindible que nos concienciemos de que tomar medidas frente a la radiación solar.

 

Extremar el cuidado corporal

Durante la temporada estival, la piel necesita cuidados diferentes a los que le proporcionamos en invierno.

Sobre todo, por una intensa exposición al sol, pero también porque los paseos más frecuentes al aire libre nos exponen gran parte del día, y de la noche, a las picaduras de insectos. Aunque no sólo hay que proteger la piel: nuestro pelo también reclama que extrememos su cuidado.

Hidratación es la palabra “mágica” para nuestra piel en verano. No sólo tenemos que mantener una correcta higiene, sino que, además, conviene que restituyamos el agua que perdemos por exceso de sudoración.

Aplicarnos cremas humectantes adecuadas para cada tipo de piel, llevar una dieta rica en frutas y vegetales, tomar como mínimo dos litros de agua al día y usar protector solar en todo momento son las principales claves para lucir una piel cuidada este verano.

 

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Acné, un problema sin edad

Un estudio realizado por los Laboratorios A-Derma en personas que viven en Francia, España, Suecia, Japón y Estados Unidos pone de manifiesto que el acné es una enfermedad muy extendida. Y los datos lo corroboran. El 41% de las pieles caucásicas del norte, el 41% de las pieles caucásicas del sur, el 24% de las pieles asiáticas y el 68% de las pieles negras lo sufren. El problema pues no conoce edad, sexo ni fronteras. Aunque predomina en la adolescencia, no es exclusiva de esta edad.

¿Por qué se produce el acné?

El acné se forma por la acción de varios factores. En los folículos pilosebáceos nace el pelo y se segrega el sebo, una película grasa que protege la piel. Durante la pubertad, la secreción de algunas hormonas genera una mayor producción de sebo que obstruye los folículos y forma un tapón que es lo que llamamos puntos negros y granos. Estos tapones favorecen la proliferación de bacterias que existen en la piel, lo que genera pequeñas infecciones localizadas en los folículos pilosebáceos, formando las pápulas (granos de pus).

 

El acné en el bebé y en la adolescencia.

Existen diversos tipos de acné pero el más frecuente es el acné polimorfo infantil y se da a partir de la adolescencia en el 80% de los jóvenes. Se localiza en las zonas ricas en folículos pilo-sebáceos (frente, barbilla, escote, hombros, etc…) y evoluciona por brotes desencadenados por el sol, el estado emocional, el ciclo menstrual, etc. El acné afecta a una cuarta parte de los jóvenes que se encuentran entre los 19 y los 24 años.

Otras formas son el acné neonatal que se da en el recién nacido. Erupciones acneiformes, que resultan de la intervención de factores externos como algunos cosméticos o medicamentos.

 

El acné adulto.

El acné tardío afecta al 15% de los pacientes de 25-30 años y por encima de esta edad, todavía hay muchos pacientes, sobre todo mujeres, que se encuentran afectados. Según los últimos datos, la prevalencia del acné en los adultos es de un 3% en varones y entre un 11 y un 12% en mujeres. Cuando sí se aprecia una disminución de los porcentajes a partir de los 45 años. Los cambios hormonales, el estrés o incluso el tabaco pueden hacer que aparezcan estos brotes por sorpresa a cualquier edad.

 

Cómo tratar correctamente una piel acneica

El problema que desencadena el acné no es la suciedad, por ello no hay que obsesionarse con la higiene. Siempre es recomendable preguntar al especialesta. Según la Academia Española de dermatología y venereología (AEDV) los mejores consejos para combatirlo son los siguientes:

  1. Higiene. Realizar una limpieza diaria correcta de la piel, como norma general no más de dos veces al día (se podría irritar) y con un jabón suave. Secar sin friccionar. Lavar el pelo con la frecuencia necesaria para mantenerlo limpio.
  2. Una buena prescripción. No existen remedios milagrosos, ni tratamientos alternativos que superen en eficacia a los que la industria cosmética y farmacéutica comercializan y el dermatólogo prescribe.
  3. Constancia. El remedio contra el acné requiere constancia pues podrá mantenerse activo meses o años. Durante ese tiempo es preciso mantener unos cuidados generales en todos los casos, además en muchos, se deberá recurrir a cremas farmacológicas antiacnéicas y en menos habrá que plantearse tratamiento farmacológico con pastillas. En cualquier caso el acné no controlable es una situación excepcional.
  4. No manipular las lesiones de acné. Una medida especial que hay que recordar a los adolescentes. Es el mejor procedimiento para evitar las marcas. Al apretar los granos podemos trasformar una lesión que iba a desaparecer en poco tiempo y sin dejar cicatrices en otra mucho más visible, más duradera y además al curarse dejará como secuela una cicatriz.
  5. Dermocosméticos indicados. Productos libres de aceites o no comedogénicos de marcas reconocidas.
  6. ¡Atención a la piel! Las cremas que se utilizan para tratar el acné pueden irritar la piel, este no es un motivo de suspender el tratamiento, sino de espaciar su aplicación, cada dos o tres días, y casi siempre la piel de forma progresiva “aprende a” tolerar estos productos.
  7. Dieta y alimentos indicados. No hay ningún alimento que haya demostrado empeorar el acné. De cualquier manera los alimentos que habitualmente se citan, en saber popular, como agravantes del acné, en  cualquier dieta bien estructurada solo deben ingerirse ocasionalmente y siempre en pequeñas cantidades.
  8. Dejarse asesorar. Acudir al dermatólogo, médico especialista o preguntar al farmacéutico en el tratamiento del acné. Los profesionales individualizarán el tratamiento, seleccionando la crema o las pastillas según el sexo, edad y tipo de acné de cada paciente.
  9. Cicatrización. Las marcas, en formas de cicatrices o zonas rojas, van a mejorar de forma notable con el paso de tiempo, por lo que muchas veces no es necesario ningún tratamiento para ellas. Cuando no desaparezcan o si queremos acelerar su mejora, disponemos de tratamientos muy eficaces: aunque durante muchos años se han realizado peelings y microdermoabrasiones con resultados aceptables. Hoy día se tratan sobre todo con diferentes láseres, tanto las manchas rojas como las cicatrices.

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Ojo seco – ¿Qué es? ¿Cómo tratarlo?

ojo seco
El ojo seco o síndrome de ojo seco (SOS) es un proceso que afecta a mucha gente todavía por diagnosticar.

Se calcula que más del 60% de la población mayor de 45 años sufre este trastorno, alrededor de unos 5 millones de personas en España. Se trata de una patología ocular que afecta principalmente a mujeres, incrementándose con la edad, hasta un 80% en mayores de 60 años.

lágrimasEl ojo seco es una irregularidad ocular en la que el ojo produce una cantidad de lágrima insuficiente, muy relacionada con los cambios hormonales en el caso de las mujeres, así como por su mala calidad o rápida evaporación. Esta falta o inexistencia de lágrima en el ojo va a suponer un problema ya que la lágrima es la encargada de nutrir, humidificar y lubricar la superficie del ojo.

Existen múltiples factores que ocasionan la disfunción, provocando que la película lagrimal se rompa y quede expuesta al aire, algunos de los cuales pueden ser alteraciones de la piel, trastornos alérgicos, cambios hormonales, adicción al tabaco, enfermedades reumáticas, determinados tratamientos farmacológicos, o una cirugía ocular previa. Entre sus síntomas, destaca la sensación de quemazón, picazón y arenilla en los ojos, el enrojecimiento y el malestar al realizar tareas cotidianas como la lectura, conducir o fijar la mirada en una pantalla de televisión, así como la intolerancia a las lentes de contacto.

La contaminación ambiental creciente también se relaciona directamente con este tipo de patologías. La falta de humedad y el aumento de la contaminación por el humo de los coches y los compuestos químicos de las fábricas contribuyen a un crecimiento de inflamaciones oculares y a la aparición del ojo seco.

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La pérdida de peso hace que remita a largo plazo la diabetes tipo 2

diabetes tipo 2
Una pérdida de peso significativa puede provocar la remisión de la diabetes tipo 2. Es lo que se desprende de una investigación realizada durante dos años entre más de 300 personas con esta enfermedad. Según los investigadores, esto indica que la diabetes tipo 2 es reversible para mucha gente.

Recientemente se han dado a conocer los resultados del ensayo clínico aleatorizado DiRECT (Diabetes Remission Clinical Trial) realizado entre 300 personas con diabetes tipo 2: más de un tercio de los participantes seguía estando en remisión a los dos años. Esta remisión resultó estar vinculada a la magnitud de la pérdida de peso mantenida. El estudio fue llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Newcastle y la Universidad de Glasgow. Los resultados están publicados en The Lancet Diabetes & Endocrinology.

Asociación entre pérdida de peso y remisión

Los nuevos resultados confirman los obtenidos un año antes. Pasado un año, el 46% de los participantes estaba en remisión. Un año después, el 70% de este grupo seguía estándolo, lo que representaba un 36% del total. Es un poco menos, y los investigadores indican que esto es así porque el peso de los participantes aumentó un poco en el segundo año. Según ellos, estos resultados confirman que la remisión está estrechamente vinculada a la pérdida de peso. Un cuarto de los participantes del grupo de intervención seguía conservando un mínimo de 10 kg de pérdida de peso, y de ellos el 64% estaba en remisión. De media, el grupo de intervención había adelgazado 5,4 kg más que el grupo de control a los dos años.

Además, el programa provocó en el grupo de control una reducción de la glucemia y del uso de medicación antidiabética. La HbA1c media bajó de 60 a 54 mmol/mol al acabar el segundo año. La medicación antidiabética disminuyó del 75% al 40%. En comparación, en el grupo de control la HbA1c media se mantuvo igual, y el número de personas que usaba medicación aumentó del 77% al 84%. La calidad de vida mejoró en ambos grupos, pero el grupo de intervención refirió una mayor mejoría que el de control: 10 puntos frente a 2,5.

Menor índice de grasa en el páncreas

Para los investigadores, lo más importante del ensayo DiRECT es que han podido comprender por qué la pérdida de peso significativa da como resultado una remisión de la diabetes tipo 2. Los estudios detallados realizados hasta ahora habían demostrado que la pérdida de peso puede conllevar un menor índice de grasa en el páncreas, lo que a su vez está asociado con un restablecimiento de la función de este órgano y de la producción de insulina: «Ahora entendemos la naturaleza biológica de esta afección reversible. Sin embargo, lo que todas las personas que estén en remisión deben saber es que los datos también indican que la diabetes tipo 2 reaparece en cuanto se vuelve a engordar».

 

 

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Piel hidratada, piel sana, piel bonita, piel joven.

Nuestra piel es el órgano más extenso del cuerpo, y mantenerla sana e hidratada nos proporciona bienestar, además de mejorar nuestro aspecto físico.

Dermocosmética

La dermocosmética, por su parte nos ayuda a mantener la piel cuidada y protegida, de una manera específica y adaptada a cada tipo de piel y preferencias del consumidor. Dentro del amplio abanico de productos que los laboratorios han desarrollado para el cuidado de la piel, es importante contar con una guía y un consejo experto, para encontrar el producto que se necesita en cada momento, específico para cada parte del cuerpo, o para una problemática concreta.

Los ingredientes básicos de una barra de jabón o de un gel líquido son los surfactantes o detergentes que permiten que el agua humedezca la superficie de la piel de manera eficiente, rodear las partículas de suciedad y eliminarlas con el frotado. Esta acción de agarrar partículas sólidas y grasas en suspensión para que puedan ser eliminadas con el frotado se denomina acción emulsionante. Agitar la solución acuosa, por ejemplo, frotando las manos durante el lavado, ayuda al proceso de eliminación de la suciedad.

Higiene

La seguridad es la prioridad número uno de la industria cosmética. Todos los productos cosméticos están sujetos a rigurosos exámenes de seguridad antes de ponerse a la venta. El pH natural de la piel (el balance entre los ácidos y los alcalinos) es de 5.5.

Una parte esencial de nuestra higiene diaria es la ducha. Las autoridades sanitarias defienden la importancia de la higiene personal como medida fundamental para evitar la difusión de enfermedades infecciosas y, sobre todo, hacen hincapié en la necesidad de tener unos buenos hábitos respiratorios (mediante el uso de pañuelos) y una correcta higiene de manos.

Hidratación

Nuestra piel está compuesta por tres capas diferentes: la exterior, llamada epidermis; la segunda capa, llamada dermis, y finalmente la capa grasa subcutánea. Normalmente el 15% de la epidermis es agua. Cuando la humedad contenida en esta capa baja del 10% es cuando nos sentimos ásperos y secos. Si la dejamos secarse más, la piel reducirá su flexibilidad y se agrietará.

Por otro lado, los espacios entre las células de la epidermis están llenos de una mezcla de componentes conocida como factor natural de hidratación. Este es muy importante, pues regula la pérdida de agua de la capa superior y previene que la humedad se evapore de las capas más profundas. Algunas veces, cuando usamos jabones muy fuertes o estamos expuestos a disolventes, eliminamos esta mezcla y con ella la capacidad de la piel de retener humedad provocando incluso grietas. Las células de la piel, además, se renuevan constantemente. Las encargadas de eliminar las células muertas son unas enzimas naturales que necesitan estar hidratadas para funcionar correctamente.

La función principal de la piel es actuar a modo de barrera contra agentes externos.

Productos

Los tónicos, cremas y lociones hidratantes son emulsiones de agua en aceite que contienen sustancias humectantes que ayudan a conservar el agua de la piel. Atraen las partículas del agua evitando que la piel se reseque.

En el caso de las pieles secas, las células de la piel “mudan” demasiado rápido. Aplicar productos hidratantes a menudo aumenta el contenido en agua y normaliza la rotación celular, lo cual soluciona el problema.

Las cremas hidratantes tienen un índice de refracción muy cercano al de la piel y por ello transmiten luz en vez de reflejarla. Cuanto más hidratada está la piel, más translúcida se vuelve la capa externa y permite la llegada de la luz a las capas más profundas mejorando su tono.

Actualmente, las lociones hidratantes y bases de maquillaje ya contienen protección solar, lo que ayuda a prevenir el daño de los rayos ultravioletas y, por lo tanto, también evita el envejecimiento de la piel.

No podemos viajar atrás en el tiempo, pero sí podemos minimizar el impacto del envejecimiento.