FOTOPROTECCIÓN: TOMAR LO MEJOR DEL SOL, PARA EVITAR DAÑOS FUTUROS

fotoprotección

La primera consecuencia de una exposición repetida a los rayos del sol, sin protección, es la aceleración de los signos de envejecimiento, es decir, el fotoenvejecimiento prematuro de la piel. La radiación solar incide sobre la dermis y también puede causar diferentes patologías como alergias, dermatitis, fotodermatosis y fotosensibilización de la piel a la vez que daña el DNA celular.

Los rayos UVA y UVB tienen una consecuencia directa sobre la piel:
• Fotodermatosis: erupción cutánea desencadenada por los rayos UVA que afecta en concreto a las mujeres. Existen dos tipos:
• Estival benigna: aparece a partir de la primera exposición a la radiación solar
• Polimorfa: ésta subsiste con cada exposición al sol y puede afectar tanto a zonas expuestas como no expuestas.
• Fotosensibilización: algunos medicamentos, plantas y perfumes pueden ser responsables de reacciones cutáneas, vinculadas en un 75% con la exposición a la radiación UVA. Se expresa con reacciones inflamatorias agudas, denominadas fototoxicidad, o por reacciones de hipersensibilidad tardía, llamadas fotoalergias.

Decálogo del buen filtro solar

Hay que transmitir al consumidor la importancia en la elección de un protector solar correcto según su tipo de piel. Y que es un elemento imprescindible que debe aplicarse sobre la piel los 365 días del año, incluso cuando el cielo está nublado o cuando llueve.

EL SOL ES EL PRINCIPAL RESPONSABLE DEL ENVEJECIMIENTO PREMATURO DE LA PIEL

• Un buen filtro solar debe proteger de los rayos UVB (responsables de los daños inmediatos sobre la piel, como las quemaduras), y de los rayos UVA (daños en el DNA de la piel, las células, los vasos y los tejidos).

• Los más recomendables son los filtros físicos (SunBlock), no químicos e inorgánicos que reboten los rayos UV antes de que sean absorbidos por la piel.

• Evitar los filtros solares que contengan PABA en su formulación, pues el ácido paraaminobenzoico puede causar daño celular y hay una mayor incidencia de alergias relacionadas con su uso.

• Que sea fotoestable ante el calor.

• De aplicación sencilla y cómoda para fomentar la reaplicación frecuente del filtro.

• No utilizar como protector los productos secundarios cuyo cometido principal no es proteger la piel del sol (por ejemplo, las cremas hidratantes con SPF15). Ayudan pero no es su función.

• Los filtros solares deben incluir en su formulación Filtros Biológicos que no son filtros solares como tal, sino agentes antioxidantes que actúan en sinergia con los filtros de la fórmula evitando la formación de radicales libres y potenciando el sistema inmunológico de la piel. Las vitaminas A, C y E entre otros son las más utilizadas. Tienen propiedades antirradicalares y actúan contra el envejecimiento cutáneo y los cánceres de piel fotoinducidos.

• Lo último en formulación es incorporar activos para la protección y reparación del ADN (DNA-Protect), a través de enzimas que han sido aisladas de microorganismos extremófilos y cumplen funciones de reparación del ADN dañado por los rayos UV.

• Los protectores solares caducan. Con el paso del tiempo, sus componentes se van degradando como en cualquier otro producto. Cuando esto ocurre la protección no es del todo completa.

• Reaplicar el filtro solar cada 2- 4 horas y en cantidad suficiente para que cumpla su función.

ES IMPORTANTE APLICAR EL FOTOPROTECTOR MEDIA HORA ANTES DE LA EXPOSICIÓN AL SOL, POR TODO EL CUERPO Y EN CANTIDAD SUFICIENTE

Alimentación y fotoprotección

Es importante seguir una alimentación enfocada a aumentar la fotoprotección natural de la piel, que ayude a equilibrar la respuesta inflamatoria del cuerpo, los mecanismos antioxidantes y la actividad apoptótica saludable del propio organismo. Los principales alimentos que se deben incorporar a la dieta son aquellos que ayudan a regular la producción de melanina. La pigmentación de la piel es fundamental como agente fotoprotector, ya que la melanina cumple la función de absorber las radiaciones UV. Por ello, para proteger la piel es importante estimular la síntesis de melanina, es decir, aumentar la cantidad de melanina dentro de los melanocitos y favorecer su correcta distribución a nivel epidérmico.

Nutrientes y alimentos básicos que ayudan a la protección cutánea:

• Coenzima Q10: es el primer antioxidante en degradarse en la piel por la acción del sol. De ahí la importancia de tomar alimentos que la contengan. Está presente de forma natural en el pescado, marisco, espinacas y nueces.

• Betacarotenos: se considera uno de los más importantes elementos precursores de la Vitamina A y por ello se le conoce también como pro-vitamina A. Ayuda a mantener la piel sana, evitando los daños de la radiación solar. Aportan carotenoides, los cuales, según numerosos estudios, absorben los rayos UV para proteger la piel de los eritemas solares. Esta sustancia abunda en la calabaza, zanahorias, melocotones, albaricoques, la papaya, los pimientos. Aunque tampoco conviene excederse en su consumo, porque puede suponer una sobredosis de Vitamina A que puede ser dañina para el hígado entre otros.

• Vitamina C: trabaja con la fotoprotección natural de la piel, ayudando a equilibrar la respuesta inflamatoria del cuerpo, a los mecanismos antioxidantes y la actividad apoptótica saludable. Se encuentra de forma abundante en frutas y verduras.

• Suplementos orales: es necesario contar con un refuerzo oral que suplemente la efectividad de los protectores solares tópicos protegiendo así toda la superficie cutánea.

Atención al sol, medicamentos, cosméticos y perfumes

La toma de determinados medicamentos o la aplicación de un cosmético o perfume puede ser el causante de reacciones adversas sobre la piel (hipersensibilidades, inflamaciones,…).
Por ello, hay que consultar con los especialistas si contienen agentes fotoreactivos capaces de inducir reacciones de fototoxicidad, si se toma el sol mientras se consumen.
Algunos medicamentos fotosensibilizantes son: anestésicos locales, anticonceptivos orales, antidepresivos, antihistamínicos, antisépticos, benzodiacepinas, laxantes o diuréticos, entre otros. Además, existen otros productos fototóxicos como: algunos colorantes, perfumes, esencias de limón o lavanda, etc. que pueden llegar a producir reacciones adversas.

Consejos para cuidar la piel en casa

Para mantener la piel sana y protegida de los rayos solares, no solo es imprescindible utilizar un buen fotoprotector, cuidar la alimentación y estar alerta de los medicamentos y productos cosméticos que se consumen. También es necesario seguir rutinas específicas de belleza desde casa, de forma diaria.

1. Beber 2 litros de agua, para reparar y prevenir la sequedad de la piel.

2. Ingerir alimentos ricos en betacarotenos.

3. Utilizar antioxidantes como la Vitamina C y E a nivel tópico, sin olvidar las vitaminas del grupo B.

4. Aportar al organismo minerales como el Selenio y el Zinc. El Selenio está presente en carne, pescado, marisco, huevos, cereales integrales, frutas y verduras. Este mineral tiene una acción antioxidante y activa la regeneración celular. El Zinc abunda en las carnes, pescado, huevo, cereales integrales y legumbres. Este mineral es antioxidante y favorece la renovación celular dando tonicidad y elasticidad a la piel.

5. Evitar el uso de sustancias oclusivas sobre la piel, que dan una falsa sensación de hidratación como las vaselinas, ceras, siliconas, etc.

6. Evitar exponer la piel al sol en las horas de máxima radiación y controlar el tiempo de exposición son dos claves en la prevención de problemas de la piel a corto, medio y largo plazo.

Contacta con nosotros para más información.

Diarreas

diarreas

EL ABORDAJE TERAPÉUTICO DE LA DIARREA PASA POR LA REHIDRATACIÓN ORAL, EL USO DE PROBIÓTICOS, UNA DIETA ADECUADA Y, EN CASO NECESARIO, FÁRMACOS ANTIDIARREICOS. LA DIARREA ES UN SÍNTOMA Y, POR ELLO, EL TRATAMIENTO SINTOMÁTICO ES EL MÁS IMPORTANTE.

Después de comer, el aparato digestivo absorbe los nutrientes y líquidos de los alimentos que se han ingerido, y elimina el residuo de los alimentos en forma de heces, a través del recto, y finalmente del ano. Este proceso, llamado evacuación intestinal, se produce en un perfecto equilibrio entre la absorción de agua y electrolitos y su secreción, pero cuando se produce una alteración en dicho proceso, bien porque se absorben menos líquidos, o porque se eliminan más, el volumen de agua aumenta provocando unas heces más blandas, más frecuentes y de mayor peso. A ese síndrome se le denomina diarrea.

Aunque habitualmente suele ser leve, de corta duración (uno o dos días), y se soluciona simplemente con medidas de rehidratación y dieta progresiva (en el caso de diarrea aguda), en ocasiones puede prolongarse más allá de cuatro semanas (cuando se trata de diarrea crónica), y ser indicativa de un problema grave. En los países en vías de desarrollo es la principal causa de mortalidad infantil. En los países desarrollados, en cambio, es la conocida como diarrea del viajero la que más complicaciones suele ocasionar.

 

Problema sanitario

 

diarrea en niñosLa diarrea está considerada como un problema sanitario de alta mortalidad y morbilidad, especialmente en la infancia. Anualmente, mueren en el mundo unos 4 millones de niños menores de 5 años debido a esta enfermedad. En los países desarrollados, el 10% de los ingresos a los hospitales pediátricos se produce por esta causa. Los menores de 5 años presentan entre 1 y 2 episodios de diarrea al año, mientras que en los países en vías de desarrollo el número es de entre 10 y 20 episodios. Esto es debido principalmente al manejo inadecuado de los residuos y suministros de agua, a la ausencia de sistemas de refrigeración, hacinamiento, falta de higiene personal y difícil acceso a la asistencia sanitaria.

Tanto en niños como en adultos, la diarrea se produce por infección. En un 70% de los casos el agente causal es un virus, en un 20% es bacteriano y en un 10% se trata de parásitos. Lo cierto, es que dependiendo de la cantidad y la especie de microorganismos ingeridos la diarrea será acuosa o inflamatoria. Entre los grupos más propensos a padecer la diarrea se encuentran los viajeros con destino a países en desarrollo, los consumidores de mariscos, varones homosexuales, pacientes con VIH, ancianos, personas que reciben quimioterapia y niños que asisten a guarderías.

La medida diagnóstica más eficaz es la realización de una historia clínica completa que incluya antecedentes personales, el contexto y la forma en que se produce la diarrea, y la exploración física, que en algunos casos puede requerir de exámenes complementarios. Hay que tener muy en cuenta la identificación de su etiología e instaurar un tratamiento farmacológico (si se considera oportuno) para frenar la frecuencia de las deposiciones.

La base del tratamiento, independientemente de la etiología, es evitar la deshidratación mediante la restauración electrolítica. El reconocimiento de este hecho podría salvar la vida de muchos niños en los países en vías de desarrollo. De hecho, muchos pacientes no requieren otro tratamiento.

Diarrea del viajero

 

Uno de los trastornos más frecuentes entre los turistas es la llamada diarrea del viajero. Esta enfermedad afecta a las personas que viajan a zonas con escasas condiciones de higiene. En verano esta patología aparece con más frecuencia, ya que el calor favorece la presencia de agentes infecciosos. Los colectivos más propensos a esta enfermedad son los niños, los ancianos, las mujeres embarazadas y los pacientes con enfermedades crónicas o debilitados.

La diarrea del viajero comienza generalmente a los dos o tres días de llegar al país del destino. En la mayoría de los casos, se resuelve de forma espontánea tras cuatro días aproximadamente. La causa de esta diarrea es la infección por bacterias, virus o parásitos, y su diagnóstico es difícil porque el germen varía de un país a otro y sólo se identifica en algunas personas. El microorganismo infeccioso se transmite a través de los alimentos y las bebidas contaminadas, como el agua no tratada. Los alimentos de riesgo son los manipulados de forma poco higiénica, los almacenados incorrectamente y los que se conservan a temperatura ambiente o de forma inadecuada.

El tratamiento de la diarrea del viajero depende de la gravedad del paciente. Se debe comenzar en cuanto se detecten los primeros síntomas. En el caso de diarreas leves suele bastar con cambiar de dieta e ingerir abundantes líquidos con azucares y sales. En las farmacias existen unos preparados, conocidos como soluciones de rehidratación oral, que ayudan a reponer el líquido y las sustancias que se pierden durante el proceso diarreico. Se deben tomar pequeñas cantidades, pero de forma frecuente hasta alcanzar los dos a cuatro litros diarios. Además, también se suele recomendar seguir una dieta blanda, como cereales, arroz y yogur entre otros alimentos. Y, por supuesto, se recomienda evitar el alcohol, el café, los lácteos y los alimentos muy condimentados.

 

EN UN 70% DE LOS CASOS EL AGENTE CAUSAL ES UN VIRUS, EN UN 20% ES BACTERIANO Y EN UN 10% SE TRATA DE PARÁSITOS

 

Las diarreas moderadas se caracterizan por deposiciones líquidas abundantes, acompañadas de vómitos y dolor abdominal, pero sin fi ebre ni sangre en las heces. Aparte de seguir una dieta y tomar líquidos, puede ser necesario un medicamento antidiarreico. El más utilizado es la loperamida, pero no se debe utilizar durante más de dos días seguidos, en caso de fiebre, sangre en las heces o en niños menores de dos años. Cuando las deposiciones son muy abundantes, se debe acudir a un centro sanitario, donde se recomendará la toma de un antibiótico, la dosis y la duración del tratamiento. El uso rutinario de antibióticos no está recomendado, y se administrarán únicamente cuando lo indique un médico.

Para prevenir esta diarrea del viajero es fundamental tomar una serie de medidas dietéticas e higiénicas. Como regla de oro siempre se deben hervir, cocinar bien y pelar los alimentos que se vayan a ingerir. Se utilizará sólo agua que haya sido hervida, desinfectada químicamente o embotellada, tanto para beber, lavar alimentos o para higiene personal. La toma de antibióticos como prevención puede ocasionar efectos adversos, con un tratamiento innecesario y costoso para muchos viajeros. La mejor prevención es seguir una buena higiene y una dieta adecuada.

 

 

Probióticos

 

Los probióticos son microorganismos que, generalmente, forman parte de la microbiota intestinal, y se consideran seguros y avirulentos. De hecho, muchas especies gozan de los estatus GRAS (Generally Recognized as Safe) de la Food and Drug Administration

 

LA DIARREA ESTÁ CONSIDERADA COMO UN PROBLEMA SANITARIO DE ALTA MORTALIDAD Y MORBILIDAD

 

Microbiota en la infancia

 

Una revisión publicada recientemente en la revista Nutrición Hospitalaria ha puesto de manifiesto la importancia que tiene el correcto desarrollo de la microbiota intestinal durante los 1.000 primeros días de vida para minimizar la aparición de enfermedades en etapas posteriores, por lo que es fundamental cuidar la alimentación en esa primera etapa de la vida. Este periodo tiene una importancia fundamental en la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles en un futuro.

Aunque son varios los factores involucrados en un buen crecimiento infantil y en disminuir el riesgo de enfermedades en etapas posteriores, en los últimos años está cobrando gran importancia el papel que puede jugar el desarrollo de una microbiota intestinal lo más saludable posible, y su posible modulación con el empleo de probióticos y prebióticos capaces de estimular el sistema inmune.

Cada individuo posee una comunidad microbiana peculiar que depende de su genotipo y de la exposición temprana a los microorganismos de su entorno. Esto implica que la colonización desde el nacimiento será diferente dependiendo de factores como el tipo de parto, del modelo de lactancia, la edad gestacional, el entorno rural o urbano en que crecemos, el nacer en un país en vías de desarrollo o desarrollado, el uso de antibióticos, especialmente los utilizados para combatir infecciones durante el parto y en la primera infancia, etc.

Un inadecuado desarrollo de nuestra microbiota intestinal durante los primeros meses de vida por el aumento del número de cesáreas, el abandono prematuro de la lactancia materna o, ya en la edad adulta, por el abuso de antibióticos, una dieta inadecuada o el proceso del envejecimiento, nos puede llevar a un estado de disbiosis con una alteración de la microbiota tanto cualitativa (predominio de especies distintas a las habituales) como cuantitativa (menor concentración de bacterias beneficiosas). La consecuencia será la disminución de sus efectos saludables y la aparición de enfermedades.

Está generalmente aceptado que un recién nacido a término por vía vaginal y alimentado con leche materna desarrolla una microbiota más competente y protectora frente a la aparición de algunas enfermedades. Así, los lactantes alimentados con leche humana tienen una menor incidencia de infecciones, de alergias y de problemas digestivos, un mejor desarrollo neurológico y una menor posibilidad de presentar enfermedad inflamatoria intestinal o diabetes en un futuro.

 

Contacta con nosotros para más información.

Vida Sedentaria

Estilo de vida sedentario mortal

Muchas personas tiene de por sí una profesión sedentaria. Además, la mayor parte del tiempo libre está ocupada por actividades que se realizan en esa posición, ya sea con el móvil, el ordenador o la televisión. En un estudio australiano se estimó incluso que la gente solo se mueve durante el 10% de su tiempo libre.

Una nueva investigación de la American Cancer Society reveló, tras los ajustes multivariables, que las personas que están sentadas más de seis horas durante su tiempo libre tienen un 19% más de probabilidades de morir prematuramente que las que se sientan menos de tres horas.

Un estilo de vida sedentario puede dar lugar a un mayor riesgo de fallecimiento en general y, en particular, por enfermedad cardiovascular, cáncer, diabetes, nefropatía, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, neumonitis, hepatopatías y otras afecciones digestivas, párkinson, alzhéimer y enfermedades nerviosas y musculoesqueléticas. El porcentaje de aumento del riesgo de muerte varía entre un 10% en el caso del cáncer y un 60% en el de las enfermedades musculoesqueléticas.

 

¿Por qué no es sano estar sentado?

Por desgracia, el estudio no llegó a indicar una relación causa-consecuencia, pero lo que es evidente es que cada vez más personas se sientan con más frecuencia. Las personas mayores y las enfermas crónicas son las que más tiempo están sentadas, cosa comprensible en este último grupo. El estilo de vida sedentario posiblemente sea insano también por ir acompañado de picoteo u otras conductas no saludables.

Este estilo de vida ha sido puesto en relación con mayores niveles de triglicéridos, glucemia, presión sanguínea e insulina. Estar sentado también está vinculado con inflamaciones causadas por obesidad. Esto podría explicar por qué la conducta sedentaria guarda relación con la muerte por enfermedades cardiacas, hepáticas y nefríticas, cáncer, diabetes y EPOC. La buena noticia es que interrumpir una hora de posición sentada con solo un par de minutos de actividad ligera, o simplemente ponerse de pie, puede mejorar el colesterol, la glucemia y la presión sanguínea.

 

El huevo o la gallina

Más difícil de encontrar es la explicación a la relación entre vida sedente y mortalidad por párkinson y alzhéimer, así como por afecciones nerviosas y musculoesqueléticas.  Posiblemente se trate de una relación inversa: la enfermedad conlleva un estilo de vida más sedentario. El riesgo de suicidio también es mayor, pero no excesivo. Es posible que la depresión produzca falta de motivación para levantarse y hacer cosas. Sin embargo, es sabido que las actividades rutinarias son importantes para la salud mental. Por lo tanto, es posible que estar sentado agrave las depresiones, lo cual puede conducir al suicidio.

 

Conclusión

Hacen falta más estudios para saber por qué un estilo de vida sedentario aumenta el riesgo de fallecimiento prematuro. Una cosa está clara: existe una asociación entre la posición sentada y la muerte. Motivar a la gente para que se ponga de pie y camine con regularidad puede traer consigo muchos beneficios para la salud.

 

Contacta con nosotros para más información.

Protección solar, piel perfecta

La exposición continua e intensa a los rayos solares sin la protección debida puede llegar a producirnos quemaduras, además de contribuir al envejecimiento prematuro de la piel, sin olvidar el tan temido cáncer cutáneo. Así, lo recomendable es no exponernos al sol durante largos periodos de tiempo y utilizar la protección más adecuada para cada tipo de piel. Las pieles morenas contienen más melanina que las blancas, por lo que están más protegidas de los rayos UVA, aunque ello no quiere decir que no deban tomar medidas también.

 

Índice de protección adecuado

Las cremas solares son un buen instrumento para reforzar las defensas naturales del organismo contra las radiaciones solares. Al elegir un protector debemos tener en cuenta el FSP (factor de protección solar) que, como mínimo, ha de ser de protección 15, y aplicárnoslo generosamente, al menos, media hora antes de exponernos al sol. Y luego, repetir la aplicación cada dos horas o después de cada baño, prestando atención a las zonas más sensibles: nariz, cara, labios, orejas, escote, rodillas, calva y empeines, que son las primeras que se queman. Los protectores físicos (bloqueador solar) o mixtos (pantalla solar) protegen mejor frente a la radiación UVA que los químicos (filtro solar-bronceador).

En el caso de los niños, hay que extremar las precauciones: protector solar de índice elevado o “pantalla total” (protección máxima para pieles delicadas).

 

Los peligros para la piel de la radiación

Con la llegada del verano, cobra más importancia que nunca proteger la piel de las radiaciones solares. Porque exponerse a ellas sin la adecuada protección, es decir, sin usar fotoprotectores, puede producir daños irreversibles en nuestra salud a largo plazo. Dos de los principales efectos dañinos son el fotoenvejecimiento prematuro de la piel y el aumento de los daños del ADN.

Existe un amplio espectro de radiaciones emitidas por el sol, pero sólo dos tercios de la radiación solar llegan a al a superficie terrestre. De esta, el 50% es luz visible que puede ser detectada por el ojo humano; el 40% es radiación infrarroja (IR), y únicamente un 7% es radiación ultravioleta (UV).

De todas ellas debemos protegernos, ya que, por ejemplo, la radiación UV produce, a corto plazo, desde un aumento de la pigmentación hasta quemaduras, y, a largo plazo

De todas ellas debemos protegernos, ya que, por ejemplo, la radiación UV produce, a corto plazo, desde aumento de la pigmentación hasta quemaduras, y, a largo plazo, serán las responsables de parte del envejecimiento cutáneo prematuro y de las alteraciones del ADN, que pueden desembocar en el temido cáncer de piel.

 

La gran desconocida

La piel tiene también memoria a largo plazo, y se producen daños que son potenciados por otra radiación que no se percibe, la llamada “radiación infrarroja A” (IR-A), que representa un 65% de la radiación IR total. La radiación IR-A es la que penetra hasta la capa más profunda de la piel, llegando hasta la hipodermis. Desconocida por un 40% de los españoles, se suma a los efectos nocivos de la radiación UV, potenciando su actividad oxidante y causando el fotoenvejecimiento, que es el resultado de alcanzar temperaturas de hasta 42º en las capas más profundas de la dermis.

En cuanto a los daños en el ADN, la IR-A aumenta los errores estructurales que genera la radiación UV, por lo que, si no se reparan, provocan lesiones importantes.

Si, hasta ahora, el objetivo de los fotoprotectores era minimizar el efecto de las quemaduras y las lesiones externas de la piel producidas por la radiación UV, cada vez resulta más imprescindible que nos concienciemos de que tomar medidas frente a la radiación solar.

 

Extremar el cuidado corporal

Durante la temporada estival, la piel necesita cuidados diferentes a los que le proporcionamos en invierno.

Sobre todo, por una intensa exposición al sol, pero también porque los paseos más frecuentes al aire libre nos exponen gran parte del día, y de la noche, a las picaduras de insectos. Aunque no sólo hay que proteger la piel: nuestro pelo también reclama que extrememos su cuidado.

Hidratación es la palabra “mágica” para nuestra piel en verano. No sólo tenemos que mantener una correcta higiene, sino que, además, conviene que restituyamos el agua que perdemos por exceso de sudoración.

Aplicarnos cremas humectantes adecuadas para cada tipo de piel, llevar una dieta rica en frutas y vegetales, tomar como mínimo dos litros de agua al día y usar protector solar en todo momento son las principales claves para lucir una piel cuidada este verano.

 

Contacta con nosotros para más información.

Acné, un problema sin edad

Un estudio realizado por los Laboratorios A-Derma en personas que viven en Francia, España, Suecia, Japón y Estados Unidos pone de manifiesto que el acné es una enfermedad muy extendida. Y los datos lo corroboran. El 41% de las pieles caucásicas del norte, el 41% de las pieles caucásicas del sur, el 24% de las pieles asiáticas y el 68% de las pieles negras lo sufren. El problema pues no conoce edad, sexo ni fronteras. Aunque predomina en la adolescencia, no es exclusiva de esta edad.

¿Por qué se produce el acné?

El acné se forma por la acción de varios factores. En los folículos pilosebáceos nace el pelo y se segrega el sebo, una película grasa que protege la piel. Durante la pubertad, la secreción de algunas hormonas genera una mayor producción de sebo que obstruye los folículos y forma un tapón que es lo que llamamos puntos negros y granos. Estos tapones favorecen la proliferación de bacterias que existen en la piel, lo que genera pequeñas infecciones localizadas en los folículos pilosebáceos, formando las pápulas (granos de pus).

 

El acné en el bebé y en la adolescencia.

Existen diversos tipos de acné pero el más frecuente es el acné polimorfo infantil y se da a partir de la adolescencia en el 80% de los jóvenes. Se localiza en las zonas ricas en folículos pilo-sebáceos (frente, barbilla, escote, hombros, etc…) y evoluciona por brotes desencadenados por el sol, el estado emocional, el ciclo menstrual, etc. El acné afecta a una cuarta parte de los jóvenes que se encuentran entre los 19 y los 24 años.

Otras formas son el acné neonatal que se da en el recién nacido. Erupciones acneiformes, que resultan de la intervención de factores externos como algunos cosméticos o medicamentos.

 

El acné adulto.

El acné tardío afecta al 15% de los pacientes de 25-30 años y por encima de esta edad, todavía hay muchos pacientes, sobre todo mujeres, que se encuentran afectados. Según los últimos datos, la prevalencia del acné en los adultos es de un 3% en varones y entre un 11 y un 12% en mujeres. Cuando sí se aprecia una disminución de los porcentajes a partir de los 45 años. Los cambios hormonales, el estrés o incluso el tabaco pueden hacer que aparezcan estos brotes por sorpresa a cualquier edad.

 

Cómo tratar correctamente una piel acneica

El problema que desencadena el acné no es la suciedad, por ello no hay que obsesionarse con la higiene. Siempre es recomendable preguntar al especialesta. Según la Academia Española de dermatología y venereología (AEDV) los mejores consejos para combatirlo son los siguientes:

  1. Higiene. Realizar una limpieza diaria correcta de la piel, como norma general no más de dos veces al día (se podría irritar) y con un jabón suave. Secar sin friccionar. Lavar el pelo con la frecuencia necesaria para mantenerlo limpio.
  2. Una buena prescripción. No existen remedios milagrosos, ni tratamientos alternativos que superen en eficacia a los que la industria cosmética y farmacéutica comercializan y el dermatólogo prescribe.
  3. Constancia. El remedio contra el acné requiere constancia pues podrá mantenerse activo meses o años. Durante ese tiempo es preciso mantener unos cuidados generales en todos los casos, además en muchos, se deberá recurrir a cremas farmacológicas antiacnéicas y en menos habrá que plantearse tratamiento farmacológico con pastillas. En cualquier caso el acné no controlable es una situación excepcional.
  4. No manipular las lesiones de acné. Una medida especial que hay que recordar a los adolescentes. Es el mejor procedimiento para evitar las marcas. Al apretar los granos podemos trasformar una lesión que iba a desaparecer en poco tiempo y sin dejar cicatrices en otra mucho más visible, más duradera y además al curarse dejará como secuela una cicatriz.
  5. Dermocosméticos indicados. Productos libres de aceites o no comedogénicos de marcas reconocidas.
  6. ¡Atención a la piel! Las cremas que se utilizan para tratar el acné pueden irritar la piel, este no es un motivo de suspender el tratamiento, sino de espaciar su aplicación, cada dos o tres días, y casi siempre la piel de forma progresiva “aprende a” tolerar estos productos.
  7. Dieta y alimentos indicados. No hay ningún alimento que haya demostrado empeorar el acné. De cualquier manera los alimentos que habitualmente se citan, en saber popular, como agravantes del acné, en  cualquier dieta bien estructurada solo deben ingerirse ocasionalmente y siempre en pequeñas cantidades.
  8. Dejarse asesorar. Acudir al dermatólogo, médico especialista o preguntar al farmacéutico en el tratamiento del acné. Los profesionales individualizarán el tratamiento, seleccionando la crema o las pastillas según el sexo, edad y tipo de acné de cada paciente.
  9. Cicatrización. Las marcas, en formas de cicatrices o zonas rojas, van a mejorar de forma notable con el paso de tiempo, por lo que muchas veces no es necesario ningún tratamiento para ellas. Cuando no desaparezcan o si queremos acelerar su mejora, disponemos de tratamientos muy eficaces: aunque durante muchos años se han realizado peelings y microdermoabrasiones con resultados aceptables. Hoy día se tratan sobre todo con diferentes láseres, tanto las manchas rojas como las cicatrices.

Contacta con nosotros para más información.