FOTOPROTECCIÓN: TOMAR LO MEJOR DEL SOL, PARA EVITAR DAÑOS FUTUROS

fotoprotección

La primera consecuencia de una exposición repetida a los rayos del sol, sin protección, es la aceleración de los signos de envejecimiento, es decir, el fotoenvejecimiento prematuro de la piel. La radiación solar incide sobre la dermis y también puede causar diferentes patologías como alergias, dermatitis, fotodermatosis y fotosensibilización de la piel a la vez que daña el DNA celular.

Los rayos UVA y UVB tienen una consecuencia directa sobre la piel:
• Fotodermatosis: erupción cutánea desencadenada por los rayos UVA que afecta en concreto a las mujeres. Existen dos tipos:
• Estival benigna: aparece a partir de la primera exposición a la radiación solar
• Polimorfa: ésta subsiste con cada exposición al sol y puede afectar tanto a zonas expuestas como no expuestas.
• Fotosensibilización: algunos medicamentos, plantas y perfumes pueden ser responsables de reacciones cutáneas, vinculadas en un 75% con la exposición a la radiación UVA. Se expresa con reacciones inflamatorias agudas, denominadas fototoxicidad, o por reacciones de hipersensibilidad tardía, llamadas fotoalergias.

Decálogo del buen filtro solar

Hay que transmitir al consumidor la importancia en la elección de un protector solar correcto según su tipo de piel. Y que es un elemento imprescindible que debe aplicarse sobre la piel los 365 días del año, incluso cuando el cielo está nublado o cuando llueve.

EL SOL ES EL PRINCIPAL RESPONSABLE DEL ENVEJECIMIENTO PREMATURO DE LA PIEL

• Un buen filtro solar debe proteger de los rayos UVB (responsables de los daños inmediatos sobre la piel, como las quemaduras), y de los rayos UVA (daños en el DNA de la piel, las células, los vasos y los tejidos).

• Los más recomendables son los filtros físicos (SunBlock), no químicos e inorgánicos que reboten los rayos UV antes de que sean absorbidos por la piel.

• Evitar los filtros solares que contengan PABA en su formulación, pues el ácido paraaminobenzoico puede causar daño celular y hay una mayor incidencia de alergias relacionadas con su uso.

• Que sea fotoestable ante el calor.

• De aplicación sencilla y cómoda para fomentar la reaplicación frecuente del filtro.

• No utilizar como protector los productos secundarios cuyo cometido principal no es proteger la piel del sol (por ejemplo, las cremas hidratantes con SPF15). Ayudan pero no es su función.

• Los filtros solares deben incluir en su formulación Filtros Biológicos que no son filtros solares como tal, sino agentes antioxidantes que actúan en sinergia con los filtros de la fórmula evitando la formación de radicales libres y potenciando el sistema inmunológico de la piel. Las vitaminas A, C y E entre otros son las más utilizadas. Tienen propiedades antirradicalares y actúan contra el envejecimiento cutáneo y los cánceres de piel fotoinducidos.

• Lo último en formulación es incorporar activos para la protección y reparación del ADN (DNA-Protect), a través de enzimas que han sido aisladas de microorganismos extremófilos y cumplen funciones de reparación del ADN dañado por los rayos UV.

• Los protectores solares caducan. Con el paso del tiempo, sus componentes se van degradando como en cualquier otro producto. Cuando esto ocurre la protección no es del todo completa.

• Reaplicar el filtro solar cada 2- 4 horas y en cantidad suficiente para que cumpla su función.

ES IMPORTANTE APLICAR EL FOTOPROTECTOR MEDIA HORA ANTES DE LA EXPOSICIÓN AL SOL, POR TODO EL CUERPO Y EN CANTIDAD SUFICIENTE

Alimentación y fotoprotección

Es importante seguir una alimentación enfocada a aumentar la fotoprotección natural de la piel, que ayude a equilibrar la respuesta inflamatoria del cuerpo, los mecanismos antioxidantes y la actividad apoptótica saludable del propio organismo. Los principales alimentos que se deben incorporar a la dieta son aquellos que ayudan a regular la producción de melanina. La pigmentación de la piel es fundamental como agente fotoprotector, ya que la melanina cumple la función de absorber las radiaciones UV. Por ello, para proteger la piel es importante estimular la síntesis de melanina, es decir, aumentar la cantidad de melanina dentro de los melanocitos y favorecer su correcta distribución a nivel epidérmico.

Nutrientes y alimentos básicos que ayudan a la protección cutánea:

• Coenzima Q10: es el primer antioxidante en degradarse en la piel por la acción del sol. De ahí la importancia de tomar alimentos que la contengan. Está presente de forma natural en el pescado, marisco, espinacas y nueces.

• Betacarotenos: se considera uno de los más importantes elementos precursores de la Vitamina A y por ello se le conoce también como pro-vitamina A. Ayuda a mantener la piel sana, evitando los daños de la radiación solar. Aportan carotenoides, los cuales, según numerosos estudios, absorben los rayos UV para proteger la piel de los eritemas solares. Esta sustancia abunda en la calabaza, zanahorias, melocotones, albaricoques, la papaya, los pimientos. Aunque tampoco conviene excederse en su consumo, porque puede suponer una sobredosis de Vitamina A que puede ser dañina para el hígado entre otros.

• Vitamina C: trabaja con la fotoprotección natural de la piel, ayudando a equilibrar la respuesta inflamatoria del cuerpo, a los mecanismos antioxidantes y la actividad apoptótica saludable. Se encuentra de forma abundante en frutas y verduras.

• Suplementos orales: es necesario contar con un refuerzo oral que suplemente la efectividad de los protectores solares tópicos protegiendo así toda la superficie cutánea.

Atención al sol, medicamentos, cosméticos y perfumes

La toma de determinados medicamentos o la aplicación de un cosmético o perfume puede ser el causante de reacciones adversas sobre la piel (hipersensibilidades, inflamaciones,…).
Por ello, hay que consultar con los especialistas si contienen agentes fotoreactivos capaces de inducir reacciones de fototoxicidad, si se toma el sol mientras se consumen.
Algunos medicamentos fotosensibilizantes son: anestésicos locales, anticonceptivos orales, antidepresivos, antihistamínicos, antisépticos, benzodiacepinas, laxantes o diuréticos, entre otros. Además, existen otros productos fototóxicos como: algunos colorantes, perfumes, esencias de limón o lavanda, etc. que pueden llegar a producir reacciones adversas.

Consejos para cuidar la piel en casa

Para mantener la piel sana y protegida de los rayos solares, no solo es imprescindible utilizar un buen fotoprotector, cuidar la alimentación y estar alerta de los medicamentos y productos cosméticos que se consumen. También es necesario seguir rutinas específicas de belleza desde casa, de forma diaria.

1. Beber 2 litros de agua, para reparar y prevenir la sequedad de la piel.

2. Ingerir alimentos ricos en betacarotenos.

3. Utilizar antioxidantes como la Vitamina C y E a nivel tópico, sin olvidar las vitaminas del grupo B.

4. Aportar al organismo minerales como el Selenio y el Zinc. El Selenio está presente en carne, pescado, marisco, huevos, cereales integrales, frutas y verduras. Este mineral tiene una acción antioxidante y activa la regeneración celular. El Zinc abunda en las carnes, pescado, huevo, cereales integrales y legumbres. Este mineral es antioxidante y favorece la renovación celular dando tonicidad y elasticidad a la piel.

5. Evitar el uso de sustancias oclusivas sobre la piel, que dan una falsa sensación de hidratación como las vaselinas, ceras, siliconas, etc.

6. Evitar exponer la piel al sol en las horas de máxima radiación y controlar el tiempo de exposición son dos claves en la prevención de problemas de la piel a corto, medio y largo plazo.

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Protección solar, piel perfecta

La exposición continua e intensa a los rayos solares sin la protección debida puede llegar a producirnos quemaduras, además de contribuir al envejecimiento prematuro de la piel, sin olvidar el tan temido cáncer cutáneo. Así, lo recomendable es no exponernos al sol durante largos periodos de tiempo y utilizar la protección más adecuada para cada tipo de piel. Las pieles morenas contienen más melanina que las blancas, por lo que están más protegidas de los rayos UVA, aunque ello no quiere decir que no deban tomar medidas también.

 

Índice de protección adecuado

Las cremas solares son un buen instrumento para reforzar las defensas naturales del organismo contra las radiaciones solares. Al elegir un protector debemos tener en cuenta el FSP (factor de protección solar) que, como mínimo, ha de ser de protección 15, y aplicárnoslo generosamente, al menos, media hora antes de exponernos al sol. Y luego, repetir la aplicación cada dos horas o después de cada baño, prestando atención a las zonas más sensibles: nariz, cara, labios, orejas, escote, rodillas, calva y empeines, que son las primeras que se queman. Los protectores físicos (bloqueador solar) o mixtos (pantalla solar) protegen mejor frente a la radiación UVA que los químicos (filtro solar-bronceador).

En el caso de los niños, hay que extremar las precauciones: protector solar de índice elevado o “pantalla total” (protección máxima para pieles delicadas).

 

Los peligros para la piel de la radiación

Con la llegada del verano, cobra más importancia que nunca proteger la piel de las radiaciones solares. Porque exponerse a ellas sin la adecuada protección, es decir, sin usar fotoprotectores, puede producir daños irreversibles en nuestra salud a largo plazo. Dos de los principales efectos dañinos son el fotoenvejecimiento prematuro de la piel y el aumento de los daños del ADN.

Existe un amplio espectro de radiaciones emitidas por el sol, pero sólo dos tercios de la radiación solar llegan a al a superficie terrestre. De esta, el 50% es luz visible que puede ser detectada por el ojo humano; el 40% es radiación infrarroja (IR), y únicamente un 7% es radiación ultravioleta (UV).

De todas ellas debemos protegernos, ya que, por ejemplo, la radiación UV produce, a corto plazo, desde un aumento de la pigmentación hasta quemaduras, y, a largo plazo

De todas ellas debemos protegernos, ya que, por ejemplo, la radiación UV produce, a corto plazo, desde aumento de la pigmentación hasta quemaduras, y, a largo plazo, serán las responsables de parte del envejecimiento cutáneo prematuro y de las alteraciones del ADN, que pueden desembocar en el temido cáncer de piel.

 

La gran desconocida

La piel tiene también memoria a largo plazo, y se producen daños que son potenciados por otra radiación que no se percibe, la llamada “radiación infrarroja A” (IR-A), que representa un 65% de la radiación IR total. La radiación IR-A es la que penetra hasta la capa más profunda de la piel, llegando hasta la hipodermis. Desconocida por un 40% de los españoles, se suma a los efectos nocivos de la radiación UV, potenciando su actividad oxidante y causando el fotoenvejecimiento, que es el resultado de alcanzar temperaturas de hasta 42º en las capas más profundas de la dermis.

En cuanto a los daños en el ADN, la IR-A aumenta los errores estructurales que genera la radiación UV, por lo que, si no se reparan, provocan lesiones importantes.

Si, hasta ahora, el objetivo de los fotoprotectores era minimizar el efecto de las quemaduras y las lesiones externas de la piel producidas por la radiación UV, cada vez resulta más imprescindible que nos concienciemos de que tomar medidas frente a la radiación solar.

 

Extremar el cuidado corporal

Durante la temporada estival, la piel necesita cuidados diferentes a los que le proporcionamos en invierno.

Sobre todo, por una intensa exposición al sol, pero también porque los paseos más frecuentes al aire libre nos exponen gran parte del día, y de la noche, a las picaduras de insectos. Aunque no sólo hay que proteger la piel: nuestro pelo también reclama que extrememos su cuidado.

Hidratación es la palabra “mágica” para nuestra piel en verano. No sólo tenemos que mantener una correcta higiene, sino que, además, conviene que restituyamos el agua que perdemos por exceso de sudoración.

Aplicarnos cremas humectantes adecuadas para cada tipo de piel, llevar una dieta rica en frutas y vegetales, tomar como mínimo dos litros de agua al día y usar protector solar en todo momento son las principales claves para lucir una piel cuidada este verano.

 

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Lunares: Consejos para controlarlos.

lunares

¿Has contado alguna vez los lunares que tienes por todo el cuerpo? Difícil, ¿verdad? Un estudio del King’s College London revela que si tenemos más de once lunares en el brazo derecho, tendremos más de cien repartidos por todo el cuerpo… Y a más cantidad de lunares, mayor riesgo de malignidad. Aún así, debemos recordar que la clave está en su aspecto; os dejamos unos consejitos para tenerlos controlados.

 

Como en la mayoría de los casos, debemos recalcar la importancia de la prevención y en el caso de los lunares nos centraremos en observarlos y palparlos.

 

Una vez al mes debemos colocarnos frente al espejo y examinar nuestra piel de arriba abajo, desde lo más evidente hasta los lugares que no vemos a simple vista.

 

Empezamos por la cabeza, mirando toda la cara, la boca, la nariz y las orejas, pero sin dejar de lado el cuero cabelludo, que podremos analizar separando el pelo con un peine o con un secador.

 

Seguimos por los brazos, desde las axilas hasta los dedos y los huecos que hay entre ellos; lo mismo con las piernas, sin olvidar los genitales, las ingles y en este caso también los espacios entre los dedos o las plantas de los pies.

 

Para terminar con la parte delantera del cuerpo analizaremos nuestro torso, no olvidemos mirar bien la zona entre las mamas y por debajo de ellas.

 

La parte trasera del cuerpo es más complicada y para ello nos giraremos  de espaldas y nos ayudaremos de un espejo de mano para mirar bien espalda, glúteos, piernas y talones.

 

Ahora qué sabemos cómo analizar el cuerpo, vayamos con los detalles en los que nos debemos fijar de nuestras manchas o lunares:

 

  • Ha cambiado de color o tiene varios colores
  • Mide más de 6mm
  • Es asimétrico o tiene bordes irregulares
  • Al tacto resulta áspero o escamoso
  • Pica
  • Sangra
  • La superficie es brillante
  • Parece una herida pero no termina de cicatrizar

 

Si alguno de tus lunares tiene cualquiera de estas características, te recomendamos que acudas cuanto antes a la consulta del dermatólogo; hoy en día hay pruebas diagnósticas que detectan tumores en estadios muy incipientes y el melanoma se cura siempre que se detecte a tiempo.

ROSÁCEA

La rosácea es una enfermedad de la piel que se caracteriza por la presencia de flushing (crisis de enrojecimiento cutáneo) que acaba volviéndose permanente. Afecta sobre todo a la población adulta entre 30 y 60 años y sus señas de identidad son el enrojecimiento en zonas como la frente, la barbilla, las mejillas y la parte inferior de la nariz, a menudo acompañadas de una sensación de quemazón o escozor. La rosácea, a su vez, genera la aparición de pequeñas espinillas y la rotura de pequeños vasos sanguíneos del rostro (cuperosis). Se trata de un problema crónico que, además de los efectos cosméticos, tiene un importante componente emocional.

PRECAUCIONES:

Cuidado con el sol. La exposición solar suele ser el desencadenante facial mas frecuente, por lo que hay que utilizar siempre un fotoprotector solar de alta o muy alta protección.

Vigilar la temperatura ambiental. El fuego de la chimenea o tomar un baño demasiado caliente son circunstancias que pueden aumentar el flujo sanguíneo y, en consecuencia, el rubor facial. Por ello hay que intentar mantenerse lejos de las fuentes de calor, evitar las saunas y protegerse de las condiciones climáticas extremas.

Alimentación. Es importante que las personas con rosácea anoten todos los alimentos que consumen a diario, con el objeto de detectar y evitar aquellos que producen los brotes y que suelen ser los siguientes: picantes, comidas calientes pesadas, productos lácteos, chocolate, ciertos zumos de cítricos y alimentos con un alto contenido en histamina (quesos, berenjena, espinaca, vinagre y salsa de soja). Como norma general es conveniente controlar las bebidas alcohólicas y reducir la temperatura de las bebidas calientes.

Cosmética. Las pieles propensas a la rosácea suelen ser sensibles, por lo que se recomienda el uso limitado de productos que contengan alcohol o perfumes. Lo mas conveniente es hacer la limpieza facial con productos de alta tolerancia y secar el rostro con una toalla suave de algodón.

Ejercicio. Con moderación. Aunque la actividad física es uno de los mejores «oxigenantes» cutáneos, las pieles con rosácea deben tener en cuenta que el ejercicio intenso puede producir un sobrecalentamiento que, a su vez, dé lugar a un brote. Por ello, se recomienda la actividad física a primera hora de la mañana o  por la tarde, cuando los rayos del sol no son tan fuertes.

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